PARQUE
NATURAL DE LA ALBUFERA
DE VALENCIA
DE NUEVO EL CONSELLER MODREGO Y SU
ORDEN DE CAZA

Salvador PEIRÓ
GÓMEZ
Centro de Acuicultura
Experimental (C.A.E.)
Las
actuaciones del Conseller de Medio Ambiente en el Parque Natural de la Albufera
distan mucho de las conductas conservacionistas que todos esperamos de la
Consellería de Medio Ambiente, al autorizar la caza en el Parque Natural de la
Albufera de Valencia en condiciones que no parecen adecuarse a un
aprovechamiento racional. No llegamos a comprender tanto favoritismo hacia un
colectivo cuya única finalidad, al menos en la Albufera, parece ser la caza por
deporte, privando al resto de la ciudadanía a disfrutar de nuestro patrimonio
natural.
Modrego
actúa como un niño al ignorar que la ley ha sido inspirada bajo la idea
rectora de la conservación de la naturaleza, y debe entenderla tanto como el
medio en el que se desenvuelven los procesos ecológicos y los sistemas vitales
básicos, como el conjunto de recursos indispensables para la misma. Con este fín
se ha confiado a su competencia la vigilancia sobre esta gestión para que
transmita a futuras generaciones los recursos naturales en los que puedan
satisfacer sus necesidades y aspiraciones.
Pero esa
Consellería que dirige, y que suponemos la encargada de velar por la integridad
de estos recursos naturales, autoriza la caza en el P.N. de la Albufera en unos
términos totalmente ventajosos para los cazadores. La apertura de la veda se
realizó en pésimas condiciones para las aves acuáticas, cuando todavía se
estaba quemando la paja del arroz y con la mayor parte de la superficie del
marjal prácticamente seca. Los patos se concentraron en los escasos
“tancats” inundados por cazadores, donde han podido ser abatidos en
condiciones de clara desventaja, ante una escasa superficie disponible en
condiciones óptimas.
Debido a la
crisis medioambiental de la Albufera, la escasez casi generalizada de capturas
de las últimas temporadas, intenta ser ahora evitada incrementado la presión
cinegética. Entre las nuevas medidas se incluye la autorización de cuatro
jornadas de caza nocturna, coincidentes con la luna llena, y el adelantamiento
en dos horas, antes de la salida y después de la puesta del sol, del inicio de
las jornadas cinegéticas. La autorización de la caza en estas dos situaciones
de completa oscuridad, incrementa las capturas de los cazadores, pero
imposibilita el reconocimiento de las especies abatidas.
Con esta
nueva Orden, se vulnera la Ley 4/89 de Conservación de los Espacios Naturales y
de la Flora y Fauna Silvestres, al no quedar suficientemente garantizada la
conservación de las especies catalogadas y pudiéndose ver afectados, además,
proyectos de la Consellería de índole conservacionista donde se han invertido
importantes fondos públicos a través de LIFE (ya veremos en su momento que
opina la Comisión Europea al respecto), casos de la Cerceta Pardilla, la Focha
Cornuda o el Calamón. Estas especies no pueden ser reconocidas en la oscuridad
por lo que podrían ser objeto de disparos.
Mención aparte
merece la nula gestión del recurso cinegético. Aunque cueste creerlo, las aves
acuáticas pueden ser abatidas sin límite durante la presente temporada en la
Albufera. Por ejemplo, lejos de todo aprovechamiento racional, no se pone cupo
al número de capturas de Focha, cuya población indígena está virtualmente
extinguida (ha pasado de 1.000 parejas nidificantes a menos de 10 en cuarenta años).
Como norma, todas las fochas que entran a invernar en la Albufera suelen ser
actualmente abatidas sin dejar bando alguno, finalmente muertas o dispersadas
ante el acoso. Modrego tampoco contempla ninguna medida de recuperación de los
efectivos de esta especie cinegética.
Otra especie,
la Polla de Agua, no está incluida en la lista de especies cinegéticas y en la
fecha de la apertura de la veda no existía nada escrito autorizando su caza. Su
protección está exigida por Europa. Pero aquí, Modrego sí que permite un número
concreto de capturas por unidad de superficie y no por escopeta y día. Pese a
este absurdo método de limitar su captura, es de suponer que la Consellería
tendrá en la actualidad una estima de las pollas de agua abatidas en las cuatro
jornadas cinegéticas transcurridas desde el inicio de la veda. De haber
alcanzado el cupo previsto por hectárea, la caza de Polla de Agua debería ser
prohibida inmediatamente. Cabe preguntarse cuantas habrán sido abatidas
actualmente.
El señor
Modrego remata la cuestión de “conservador” haciendo otro gran favor a los
cazadores autorizándoles el uso del plomo, a pesar de que la Albufera es
considerada zona RAMSAR de importancia internacional y que además existen otras
alternativas al plomo no tóxicas. Este insensible conseller forjado en el
cemento, no debe ignorar la incuestionable evidencia científica, de que la
ingestión de perdigones de plomo es una destacada causa de intoxicación y
muerte de aves silvestres, con una destacada pérdida de biodiversidad que ello
comporta y el riesgo que supone el consumo de estos animales enfermos, dada la
extremada toxicidad del plomo y del arsénico empleados en la fabricación de
perdigones. Resulta paradójico, por otro lado, que la propia Federación de
Caza no haya hecho cumplir la retirada del plomo, al suponer la principal
beneficiaria de tal medida conservacionista.
Para acabar de
cuadrar el “aprovechamiento cinegético”, Modrego autoriza "càbiles".
Nuevamente, esta práctica vulnera la normativa cinegética al suponer nueve días
consecutivos de caza continuada, en los que las aves acuáticas son privadas de
acceder a sus lugares de alimentación, donde son abatidas sin tregua.
Y ahora
esperemos que no sea abatida ninguna de las especies consideradas en el catálogo
en cuyo caso, debemos suponer que al Molt Honorable Eduardo Zaplana le quedará
la suficiente integridad para proceder al inicio de expediente contra aquél que
se atrevió a dictar una Orden sin medir las consecuencias que se derivaron de
su prepotente atrevimiento.
Por otro lado,
será interesante ver la cara que pone el representante del ejecutivo ante los
parlamentarios europeos durante la próxima Convención Ramsar de Valencia en
2002.

Artículo
publicado íntegramente con autorización del autor 17-10-2001
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